Una noche

Una noche.
Un beso sumerge en la oscuridad,
labios se deforman en un lecho y
escucho la palabra que suda sobre mi cuello,
mis pechos responden,
ondulando,
bajo tu genital soy serpiente,  y  por mis  surcos dulces
te embriagas
con la savia de mis pétalos abiertos.





Bruma


Una bruma espesa simula la  cortina
que esconde mi desnudez
y se anuncia.
Atiza ante tus ojos,  varón mío,
el fuego nuestro.
El que azuza la bestia que somos,
bravía sudando en eternas sentencias.

Amo tu embestida de forjador,
en mi perfil de mujer te amoldaste,
y somos orgasmo lento al acecho
cuando intruso gimió.
He soñado un vil sueño de un vil soñador,
sangro violada por ti,
en mi vientre gime hoy
el cristal,
un gran resplandor y
se parece a ti.


Desnúdame

Desnúdame.
Sea un arrecife en océanos bríosos
y abismes tu boca y tu lengua
huracanando en mis pechos y mis caderas
alzadas
donde rompe el anhelo la virtud.

Tus manos batan el aire,  silben en sobrevuelos
mi desnudo pubis y tus yemas claven tu huella
por una eternidad.

Bajaré tu cierre,  cogeré tu palma y me conduzcas
con mi pudor,
te beso y te beso hasta el fin,  al mar.
Ábreme como una rosa presa hace siglos,
no te niego ni las palabras soeces ni el resplandor divino.

Que tu mensaje vomite sobre mis labios entreabiertos
una muerte dulce y quejumbrosa.
La brasa inmóvil  cerraré.
Líbame el rocío, enrédame la humedad
en mis piernas.

Reposo  ahora.





Fría espada

Me ofrezco como una copa de nieblas
púlela con tu dulcedumbre,
con tu desnudo
resplandor  me queme,
que la niebla se disipe,
que el cristal brille.

Fuiste mi primera vez,  fui tu primera vez,
besa los oscuros arreboles que urden tu pudor
sobre ellos.
Todo te consiento,  abro las hojas del fruto,
te envuelvo árbol frondoso,
gime, gimo encendida virgen otra vez.

Roza mi espalda tu fría espada,
y un relumbre de filo gritará tu voz,
y mi caparazón habrá envuelto
tu pudor que agoniza en mi jubiloso cuerpo
derramado sobre un lecho.
como un día fue.


En la hierba

¡Tenderme¡
tenderme a tu lado en la hierba
esos años
la noche
fogosa hiedra en tu cuerpo
de bronce caliente,
hasta me duela de verte
cerca tan cerca
como un astro seduce
y mis labios pronuncien tu nombre.

Tenderme
tu mano
desabotona mi blusa,
mis pechos se asoman,  tu boca
los roza,
tu mano sutil ansiosa baja
me cubres la piel
mis muslos se rinden,
me entregas la miel,
de esos años la noche,
en la hierba
te bebo,
me besas, te grito,
me muerdes.
el cielo,
los ojos se cierran,
ya calmos, soñamos,
saciados
los dos.




Quiero ser tu habitación


Quiero ser tu habitación.
En esa habitación quiero el sosiego suficiente
para escribir el testamento justo.
Cuando murmuren las noches de las sombras
su misterioso silencio.
Se anuncie el hierro sobre mi frente
y seas atento rumbo.
Cuando surca la tarde nublada en mis sueños
de mujer,
tú respondas con la luz entregada de tus ojos.

Quiero que penetres
por mis poros cuando yo prepare mi preñez,
para sentir la primera punzada del placer,
la que anuncia, la veloz,
la que entibia,  perturba,
muerde.
La que avisará tu lento sorbo y dulcemente
enturbiarás el agua cristalina con tu arrojo.
Entonces me esconderé detrás de la luz
para que nadie me vea ensombrecida.

Quiero tus conjuros a los definitivos gestos,
el primer relumbre matinal de mi cáliz
no será una puñada que me aprese
si esmerado colono que me escarde.
Nadie me abandona en la roca si mirando el mar,
el mar me relegue en su horizonte.

Palpita lazo ardiendo en mi cintura.
cuando jinete enfila sus camellos
por las arenas de la desolación.



Escarlata

Mi perdición.
Mi corruptor,  ¡te exculpo!
mi seductor,  ¡te inmortalizo!
Déspota varón,  merodeador de lunas tibias.
Mi ladrón,  vaivén de campanas,
de cópulas peregrino.

¡Oh,  mal mío,  llévame a tu infierno,
Te ofrezco mis suaves muslos y su terciopelo
para tus labios y tus márgenes.
Ven a amarme,  acaricia esta vulva obstinada,
Ven a disparar tu simiente en tu guarida ardiendo.

Sorbo a sorbo, hunde tu cuerpo en mi agonía,
Mece un resplandor en la oquedad crispada.
¡Estos celos míos cuando partes lejos!

Bébeme y te bebo,
Sorbe  la miel de cántaros cristalinos,
Libo  el ángel que cuelga de tu hueso sacro
¡Oh,  mar caudaloso en mi pulpa oculta,
Devuélveme el placer y la gracia que voy perdiendo,
Devuélve mi belleza y la ondulación caliente,
Devuélveme toda la maestría,
Quédate la virtud.
Escarba el limo pecaminoso.

Entra y acaba el verso de este poema testarudo
Que busca la fisura al escalpelo,
Ven a escribir ese verso
Que quema  y se derrama en este nido de cuervos.
Cómo hablan,  cómo dicen  de mí,
ya me han sepultado
una letra Escarlata.


Me suelto el pelo


Me suelto el pelo y cae  sobre tu rostro
ríes la oleada cálida del placer
un pez entre tus soles nocturnos.
Me levantas
tu piel,  me escondo tu voz
farfulla.
Huelo sudor  entre tu cuello y tu hombro.
la ventana abierta permite que los gritos
se anuncien en los galopantes
lloros que corren en oscuras guaridas
de los pobres que  siguen dictando precipicios.

Yo te sigo amando
en esta tierra  sola.
La flor no es aniversario
es brasa flor desfigurada
en la playa ardiente arena  y
tus pies corren a mi encuentro.

Te  espero mar abierto.
Tiende tu mano ancho  pétalo
fugue yo hasta el horizonte
de arterias torrenciales.
Lava de volcán intenso.
Anda, vuela pájaro suelto,
vago,
ebrio,
en silencio me avasallas,
pero te replico, 
cuando tus ojos se miran en el agua turbia
la limpian,
por eso te hago
siembra en este huerto
cuando quieras.
Tú y yo, en una sola piel.
Envueltos.
Mintiéndonos un paraíso,
con su cruel promesa.
Está triste la nocturna sombra
de la luna,
            la bruma,
                           la umbra…



Puente de tu guitarra

Me pides un poema
¿para qué?
Quieres verte en mi cantar
¿para qué?
Relumbre entre tus cuerdas,
Puente de tu guitarra.

Un sudor dulce,
antigua mancha violeta,
Eso es tu poema.
Tu venablo escribió el tiempo
que jadeó sobre mi sexo,
ese es tu poema.
Que entró a los confines oscuros
Hasta perdernos en un cenizo bosque
Que incendió las palabras.
Todo ese universo.
 Breve
se ha inscrito  sobre suave corteza
al filo de una llaga.

Como una cualquiera
te ofrezco
mi canto
y  se abren las cuerdas
cálidas
entre arboledas.



Quiebra la voz de la verdad

Soy como una luna que he visto engullendo estrellas
para caer rendida en el desaliento de un ave
golpeada y un beso mudo allí queda.
Viento lluvioso
mi corazón esgrime.
Pálpito de copas ebrias,  árboles entre nieblas
y en un tronco apoyada siempre estoy,
así me amas, así la sombra estalla
y se junta a mi sombra.
Escucho siempre el quejido hambriento
del mundo,
turbulencias lejanas,
noche oscura en los vientres huecos,
por eso no te detengas,
pues la  esperanza es dulce.
Divídeme la noche entre mis piernas
estalla su oscuridad
y un claro resplandor.
Hay mezquindad en las serranías soñadas
aún así vida a la vida
te rocé los labios, y aun los paladeo
como frutos
me queme.
que se enredan al pasado
y vendrás y me amarás.
Dame el ensueño
quiebra la voz de la verdad
mientras amando la vida,
mientras teniendo una paz
imaginemos que la vida
es horizontes y horizontes.
sorberé tu blanca miel, y
ocuparás mi pensamiento
como un dios.


Así como te lo he dicho

Así como te lo he dicho
seré la mejor mañana de tus mañanas
y asedarás las sábanas con tu aliento
y mi aliento
hará   tu memoria  un lienzo interminable
donde quedaremos allí tejidos
para mi ausencia
para tu ausencia.

Una vida tan pequeña se ha venido con nosotros
y tan veloces  han sido los pasos
como errores en la oscuridad.
tendré mi ventana abierta este invierno
que pronto será.
En las regiones más frías
del alma, tú ultimo grito será luz que palpita
y una brisa tibia encogerá mi pecho.

No cerraré la ventana por temor
a quedarme cabizbaja sin tu diálogo
sin esa luz en tu mirada que presiento
en cada hoja meciéndose.
Todos los crepúsculos que comprime
un puño
romperán  toda niebla que se acerque para
asustar a tus huellas  y  no se borren
con el temporal más impetuoso 
que del norte viene
a tocarme,
            simplemente,
                                 a tocarme.



Desprendida

Cuando un pasado me encuentre
hozando en la  huella del ave
que fui,
porque ahora después
de todas mis migraciones
me siento
a solazarme en los recuerdos,
cuando disfruté de aquellos ojos
que miraron mi cuerpo vigoroso,
con mis yemas en tu cuerpo
perpetuaré todas las noches que besé,
toda esta antífona será
breve espacio blanco del cielo  y
dejaré caer la pluma despeinada
se perderá suavemente entre los dos.
Nos indicará el lugar donde nuestros
cuerpos serán rosal enmarañado
nuevamente.
Un delirio de espumas rozarán
nuestros torsos
y un cofre se abrirá para ti.

Vulnerada entonces bajo su
cuerpo de oscuras preguntas
me cerrará la boca  murmurando
una queja,
incrustará algunas joyas
que ni se compraron ni se vendieron,
entonces
mi pecho curvará la melancolía
un domingo  y volverá a ser mi dueño.

Una vez más te harás perpetuo
en la tierra que riegues
y te quedes en mi rosa antigua
con tu beso extranjero.



Estrategias


La mañana va vaciándose
En los techos húmedos
Escuchando las tragedias
De este mundo.
En este tiempo el sol va durmiéndose
En las praderas verdes
En las flores de la Isla Teja.
Las sombras que se acercan
Tenues y atraviesan este cráneo.
Sucumbo desconcertada del inevitable
Avance del tiempo,
y los años cenizos tibios
y  el fuego va extinguiendo los impulsos.

Un lago profundo se entierra en mi seno
Y dulce te acerco a mí.
La lluvia se acercará a estas tierras viniendo
De los mundos infinitos afuerinos para empozarse
En nuestras piernas entrelazadas descubriendo
Las estrategias,
Haciendo tregua,
En desazón de cuánta  mecánica que me apena,
Pero arrímate a estos huesos y articula la palabra
cierta,
Yo te beberé sorbo a sorbo,
Morderé tus caderas, paladeo en este instante
Todo el funeral de luces y volcanes de esta tierra
Mojada divina concedida por la naturaleza
Y sin culpa me lanzaré al abismo de tu respiración.



Argucias

Argucias
Te llamo porque floreció la mujer en los labios del mundo,
así balseaste a mis huesos y  el mundo entero respira en ti.
La humilde doncella, la que bajó la mirada, la que corona entregó
por tu amor.
mas es pasión la que gobierna los arándanos, y su sombra
es alcahueta mujer más sabia que yo.
Virgen aún tus dedos sentí en un acuoso argumento inocente,
temí,
pero ahora no me desligo de las tierras que recorro, y me lanzas
a los sueños,
entras por mi cráter de muñeca bravía, en celo y osada,
te deseo a lo más perfecto, a lo más bello,
no me interesa
si no has puesto tu boca en la zona más débil que desarmas
sin importarnos los diluvios,
nos mojamos envueltos
en los ígneos mares de Eros.



Destino inexorable


Destino inexorable.
Amo a tu hijo,
Al que  desbordado tejiste en tus dedos
y montada en un delfín salté desde mis  aguas,
para lamer la exquisita verga del mirto y la rosa
allí  correteó nuestro hijo.
Hoy vieja rasgo ese antiguo placer en mi lira
como si acantilados precisos sólo fueran conmigo,
acantilados abruptos centelleos me abisman te espero,
años han sido y te espero. 
Nuestro hijo ha partido en tu busca, y yo te tengo
señuelo perfecto para coger esta herpe
que rosa trasciende  su aroma
señuelo me cojas,  duramente, sin dogmas.
Rasga mi dolorosa corteza abstemia, pues virgen
he vivido,
y te espero,
llévame a tu ponto y encállame en su profundidad.
Sángrate de mí.

Respiración


Me delata la respiración de la luna con
su reflejo en mi nalga
cuando estoy a tu lado enquistada.
Algún paseante nocturno nos has oído
el requiebro amoroso cuando me disparas
en el alma toda tu pulpa y su griterío
y algún sol intruso nos deja sudorosos
atosigados, relumbrando la hora del crepúsculo
para perdernos como extraños, olvidados,
y un furor preñado de hiedra tibia
que has prendido a tus tardes solitarias.
Vuelve,  esperan mis tentáculos
abiertos a tus aguas vivas,
tu voz lame hasta el fondo
duerme el goce y reptas a mí.
Reptamos entrelazados.


Siembra


Siembra tu descaro en mí.
Arqueada mi espalda,
tómame.
Mueve tu arcoiris
en mis suaves nalgas.

Con tu astro altanero,
custodio de humanidad,
hagámonos serpientes
y mordiscos.

Siémbrame,
ara tu tierra breve y sencilla
tu hoz escarde en los esquilmados huertos
y tu homenaje estalle en aquel anhelo.

Moremos en la hoguera
muévete en tu volcán
escancia tu lava
muerde esa aventura
tiránizame
enrédame a tu cuerpo, bébeme el rocío
luego vuélvete al olimpo,
mi dios.

Lúbrica esa tarde
de lluvia y silencio.

Hombre mío encantamiento y
tributo del cielo,
cubre mi silueta indecente.

Indice, farol, tejedora,
a horcajadas, embarcación.

¡Adivíname!

ANA ROSA BUSTAMANTE MORALES

ANA ROSA BUSTAMANTE MORALES
"Ellos tendrán estrellas en los codos y en los pies/Aunque hayan enloquecido estarán sanos./Aunque hayan caído al fondo del mar se levantarán./Aunque los amores se hayan perdido/no se habrá perdido el amor./Y la muerte no tendrá dominio". Dylan Thomas